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7 nov 2013

Un poco de historia...

La Nueva Canción Chilena se desarrolló desde la década de 1960, consolidándose a fines de esos años y proyectándose hacia los primeros años de la década siguiente.-

Basada en la recuperación de la música folclórica, sus cultores agregaron factores propios de la música continental, incorporando instrumentos y ritmos de toda el área hispanoamericana. Sin embargo, sus principales antecedentes lo constituyeron importantes folcloristas, compositores e investigadores nacionales, entre los que destacaron: Violeta Parra, Margot Loyola, Gabriela Pizarro y Héctor Pavez. Se puede mencionar también la influencia de poetas como Pablo Neruda y Nicanor Parra, además de la fuerte injerencia de compositores latinoamericanos como el argentino Atahualpa Yupanqui y el cubano Carlos Puebla. En este sentido, fue parte de un gran fenómeno conocido como Nueva Canción Latinoamericana, dentro del que se puede reconocer, por ejemplo, a la Nueva Trova Cubana. 



A ese aire folclórico latinoamericano, la Nueva Canción incorporó un fuerte compromiso con el proceso de cambios sociales que vivía Chile en los años sesenta y setenta. De hecho, muchos de sus exponentes asumieron un compromiso efectivo con el gobierno de la Unidad Popular, transformándose en un movimiento musical con una clara militancia política.-

En sus inicios, la Nueva Canción constituyó un todo con un gran movimiento de renovación folclórica, donde la tradición se nutrió de innovaciones musicales. Este movimiento de carácter eminentemente masivo, conocido como Neofolclor, paulatinamente fue decantando hasta distinguirse la Nueva Canción como una manifestación particular. Desde esta línea provenían intérpretes como Patricio Manns y Rolando Alarcón.

Habiendo tenido ya aquella música un desarrollo importante en distintas peñas, en julio de 1969 la Vicerrectoría de Comunicaciones de la Universidad Católica de Chile organizó el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena. Fue el momento en que la tendencia fue bautizada como tal, y por ende, desde ese instante el nombre Nueva Canción Chilena empezó a formar parte de la identidad musical del país.

Su dinamismo y fuerza creativa permitió, con el paso del tiempo, la incorporación de variables de la música docta a su propuesta. Se generó así el concepto de cantata, la de las cuales la más importante fue la Cantata Popular Santa María de Iquique, interpretada por el grupo Quilapayún. Este conjunto que fue uno de los grupos musicales paradigmáticos del proceso, junto a otros como Inti Illimani e Illapu.-


El arte comprometido:

Este movimiento artístico no era solamente con los músicos, era con los pintores, los escritores. Dicen los que saben y los que han hecho trabajos sociológicos y estadísticos, que durante los años de la Unidad Popular, Chile realmente era un paraíso de creatividad. Fue el momento en que se imprimieron más libros, donde la gente leyó mucho más, donde se hicieron más recitales que nunca, donde los artistas iban a las poblaciones, iban a cantar se integraban al mundo comunitario.

La experiencia de la Unidad Popular significaba que compromiso  con mucha gente en Chile.... Que estaba cambiando el destino de nuestro país y que estaba apostando por un proceso por un mundo más justo.

La gente estaba ahí, el Víctor Jara estaba ahí siempre lleno de gente, iba a la población y la gente lo tocaba... no iba a ir a cantar dos canciones y chao... iba a colaborar. Había una relación muy estrecha con la gente. La gente sabía que nosotros estábamos en los mismo que estaban ellos. Y eso era muy impactante, porque no era chivas, era algo real, era algo verdadero que uno se lo guardaba en el corazón y se iba con ese sentimiento pa’ la casa y amanecía con ese sentimiento al otro día: que nosotros estábamos haciendo algo que valía la pena hacer y que lo estábamos haciendo con la música y estaba dando resultados, hasta que no dio resultados. Hasta que paró y vino lo que vino...


Esos años fueron tremendamente intensos y era la perspectiva de tener un Chile más bueno para todos, no sólo para algunos... era re simple el cuento, no era una cuestión complicada: derecho a educarse, derecho a ir a la universidad , derecho a elegir su vida, derecho a tener una educación que te permitiera ser persona, eran cosas fundamentales.-

El movimiento se vio violentamente truncado con el golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973. Desde ese momento, y producto del exilio y la represión de muchos de sus integrantes, el movimiento siguió desarrollándose en el extranjero.-

5 nov 2013

Violeta Parra - El Gavilán


Biografías: Violeta Parra

Violeta del Carmen Parra Sandoval, hija de un Profesor de Música, don Nicanor Parra y de una Costurera y Cantora, doña Clarisa Sandoval Navarrete, nació el 4 de octubre de 1917, en San Carlos, Violeta Parra tuvo ocho hermanos de padre y madre más dos medio hermanas, La niñez de Violeta y sus hermanos no fue fácil, ya que debido a las precarias condiciones económicas debieron trabajar desde muy pequeños. Sin embargo siempre vivían rodeados de un ambiente artístico, ya que su padre tocaba violín y piano, según Violeta era el mejor folclorista de la región, y su madre cantaba hermosas canciones campesinas.


A los 12 años la niña Violeta ya comienza a componer canciones, tuvo un breve paso por la Escuela Normal, cantó en improvisados circos y negocios de la capital. A mediados de los años 50 obtuvo el Premio "Caupolicán" como la mejor folclorista del año. Representó al país en Francia y en Polonia en el Festival de la Juventud. En 1957, la Universidad de Concepción la invita a estudiar el folclore de la zona. 

En Francia editó discos y dictó clases en la Universidadde la Sorbona. En París en 1964 presenta en el Museo de Louvre su famosa exposición de tapices y arpilleras. Muchas de sus canciones en esta época tienen un fuerte contenido social, de crítica al sistema imperante y resistencia ante el autoritarismo y las desigualdades. En este sentido, algunos de los títulos más representativos son: “Miren cómo sonríen”, “Qué dirá el Santo Padre” y “Arauco tiene una pena”. El En 1965 Violeta Parra regresa definitivamente a Chile e instala una gran carpa en la comuna de La Reina, junto a sus hijos Ángel e Isabel, y destacados músicos chilenos como Víctor Jara, Patricio Manns y Rolando Alarcón. 

El gran objetivo de Violeta es convertir ese espacio en un gran centro cultural en el que se difunda el folclore nacional y latino americano. En 1966 viaja a Bolivia "El Rin del Angelito” y “El Albertío”. Violeta Parra muere el 5 de febrero de 1967. Se suicida en su Carpa de la Reina a la edad de cincuenta años. Tres años más tarde es editado su libro Décimas, por impulso de su hermano Nicanor.